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LA VOZ DE UN RECUERDO

Escrito por entrevista de semblanza /Por Luis Geovanni López Pérez. Posted in Las Noticias

Dona TonitaEl cielo era lúgubre,la calle silenciosa, la sensación del sereno empezaba a transcurrir por nuestros cuerpos acompañado de ráfagas de viento que hacían retumbar la puerta del cuarto donde nos encontrábamos la señora Antonia y su servidor. Era poco más de las seis de la tarde. La habitación era pequeña y al parecer de Jaime, el tercero de sus cuatro hijos.

 Pude observar los colores naranja y celeste que cubrían las cuatro paredes laterales del lugar, una mesa, un librero repleto de textos relacionados a las matemáticas y la física, también observé sobre la pared una guitarra vieja que por su aspecto, pude darme cuenta que llevaba tiempo sin ser usada.

La señora Antonia López Girón nació el 7 de diciembre de 1958 en la localidad de Matzam ubicada en Tenejapa, Chiapas.
Con poco más de 10 años de edad, decide dejar atrás una vida en el campo para aventurarse a San Cristóbal de Las Casas, el lugar donde decidió vivir hasta hoy en día. Con 59 años de edad, es una señora fuerte, sentimental y orgullosa de sí misma.

Tras un sinfín de anécdotas e historias que perduran en su memoria, la señora Antonia comentó haber pasado gran parte de su pre-adolescencia trabajando, estudiando y aprendiendo de las monjas del monasterio donde vivió un par de años, además de haber pertenecido a una organización de Mujeres que fue fundada en el Cideci-unitierra, donde tuvo la oportunidad de interactuar en ocasiones con miembros del EZLN.

La señora Antonia decide contar su experiencia durante el levantamiento del EjércitoZapatistade Liberación Nacional (EZLN).Entonces apareció un brillo en su mirada y al escuchar su voz, era quebradiza y suave. Entonces empezó:

“Tenía 35 o 36 años cuando llegaron los zapatistas. En ese entonces ya tenía a tres de mis hijos.

Comentaba la gente que habían llegado hombres y mujeres con capuchas y armados alrededor de las doce de la noche del primero de enero de 1994, y que aproximadamente a las 2 de la mañana fue cuando tomaron la presidencia y quemaron todo lo que ahí había.

Durante toda la guerra, la ciudad estaba muerta en pánico, recuerdo el sonido de los balazos y bombas que lanzaban. A pesar del miedo entre los coletos, la gente corría el rumor de que estaban combatiendo militares y zapatistas en Rancho nuevo.También decían que habían quedado demasiados muertos de ambos bandos.”

Tras unos segundos de relajarse, su voz tomó firmeza y continuó:

“Al menos yo nunca tuve miedo como tal, era la gente la que provocaba miedo con lo que decían; están acá los zapatistas, cuidado. Van a venir a acabar con todo lo que hay”, “Nos van a matar” y cosas así.

Durante todo el conflicto, nunca nos enteramos del verdadero motivo del levantamiento, sino hasta después de todo. Muchos sintieron tranquilidad al conocer los motivos reales, pero el gobierno siempre los miró con malos ojos y señalándolos como enemigos hasta hoy en día.

Sé que el sub comandante Marcos y la comandante Ramona estaban al mando de todo pero desconocíamos quiénes estaban al frente en cada cabecera que tomaron. También sé que Ramona estuvo con las hermanas Clarisas y que ahí aprendió a leer y escribir, ahí se formó como tal.
Con el tiempo supe de que el difunto padre Samuel supo un par de años antes del plan de los zapatistas pero cuando se lo comentó al gobierno no le creyeron. 

Por lo que veo y mi experiencia cercana a ellos puedo decir que su levantamiento tuvo ciertas mejoras para la gente indígena perteneciente a esta organización, un claro ejemplo de eso lo vemos en San Andrés Oventic.
También hubo reparto de tierras para que las trabajaran y vivieran de ellas,pero para indígenas ajenos a estas organizaciones su situación fue,es y posiblemente sea la misma.”

Por último, le pregunté la diferencia que ve entre los zapatistas de hace 22 años y los de ahora. Tras unos segundos de silencio, se volvió a escuchar esa voz ligera y llena de vivencias.

“Anteriormente había muchos zapatistas, pero los de ahora han perdido potencial y la actitud, muy diferente a los que recuerdo.No podía ver sus rostros pero sus miradas reflejaban energía, pasión y ganas de pelear por lo que les corresponde.

También había alguno de ellos que aceptaban dinero del gobierno y dejaban las organizaciones.Creo que se debe a la falta de oportunidades, porque ellos viven con las costumbres antiguas de los pueblos originarios: trabajar con azadón bajo el sol y vivir de lo que logras cultivar.

Recuerdo las veces que fui a zonas zapatistas, en ese entonces puedo decir que eran lugares muy feos, con barrancos donde podías ir a estrellarte fácilmente con el carro.

En las zonas zapatistas vive gente pobre, con ganas de salir adelante. Recordar todo esto me causa tristeza, porque recuerdo cómo crecí, cargando leña y con el azadón en una mano. La diferencia es que en ese entonces no trabajábamos en común, como ellos que se apoyan en grupo, bueno, eso comentaban porque nunca los vi. Mis sobrinos son zapatistas, les tocó tierras pero no tienen el mismo ideal que los que conocí.”

“Doña Toñita” como le dicen de cariño, se dedica hoy en día a las labores del hogar en su propia casa, recibiendo el apoyo de sus cuatro hijos y disfrutando de la compañía de sus nietos por las tardes, cabe mencionar que disfruta del cuidado y cultivo de plantas, al igual quela elaboración de la tortilla hecha a mano.

 

 

 

 

Por Luis Geovanni López Pérez

Estudiante de Licenciatura en Comunicación Intercultural